Tiempo libre
de los adolescentes
Se los
ama, se los padece, se los escucha, se los desoye. Desbaratan la paciencia del
más noble de los santos y, a la vez, llenan el alma de ternura cuando se los ve
tan solos luchando con sus vidas, con sus cuerpos, con la sexualidad que se
insinúa, con las marcas delatoras del acné que conspira con la fábula sobre la
belleza contemporánea.
Sufren, básicamente: de mal de amores, de mal de calificaciones,
de mal de rebeldía, de mal entendimiento del mundo que consideran hostil.
Entonces yacen, se entretienen con la computadora, chatean con desconocidos,
juegan en Red y emplean el tiempo libre en poco y, a veces, en nada.
Son los adolescentes, esos pequeños señores mayores que, cada
vez, según todos los consultados por LA NACION, tienen menos idea de qué hacer
con su tiempo libre, o cómo sacarle provecho al ocio que los apabulla. Y la
contracara: padres que sufren y dicen "cuando yo era chico no hacía estas
cosas", lo que básicamente es mentira y rotundamente verdad: a cada época,
sus jóvenes y sus circunstancias.
Según las pocas estadísticas que se manejan, en general, los
adolescentes practican cada vez menos deportes, comen mal y tienden a excederse
en el peso por el sedentarismo, escuchan música, ven TV y juegan con la
computadora al mismo tiempo. La compu es una especie de amiga infaltable
y tienen incorporada la televisión de tal modo que no cuentan las horas frente
a la pantalla porque no la consideran ocio, sino parte de la vida cotidiana.
Y no es que los padres no adviertan estas situaciones: sucede
que la falta de seguridad hace que prefieran verlos no hacer nada, que se
sienten en la escalera de un shopping, a que salgan a la calle y su vida corra
peligro.
Dia jueves 17 de mayo de 2012
A las 16h15

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